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Interspeech 2024

Kos, Greece
1-5 September 2024

Chairs: Itshak Lapidot, Sharon Gannot
doi: 10.21437/Interspeech.2024
ISSN: 2958-1796

Está solo. Hasta que un día llega una nave blanca y elegante de la que desciende EVE (Extraterrestrial Vegetation Evaluator), una robot sonda ultraterrestre, veloz, brillante y con un cañón láser muy destructivo. Ella busca un signo de vida vegetal. Él busca… no estar solo. Y le enseña su mayor tesoro: una pequeña planta verde que brota entre la tierra y la basura. Lo que hace a WALL-E inolvidable son sus primeros 40 minutos. No hay diálogos. Solo pitidos electrónicos, ruidos mecánicos y la magnífica partitura de Thomas Newman. Es una apuesta total: contar una historia de amor y soledad interestelar sin palabras.

Claro, aquí tienes un artículo completo en español sobre WALL-E . Hubo un tiempo, no hace tanto, en que las películas animadas se consideraban "cosa de niños". Luego llegó WALL-E (2008) y, con solo un par de pitidos y un gesto oxidado, demostró que el cine de animación podía ser tan profundo, desgarrador y poético como el mejor de los dramas.

El robot, con su diseño oxidado y sus grandes ojos prismáticos, expresa más ternura que cualquier personaje humano de carne y hueso. Vemos su rutina, su curiosidad, su gesto de guardar un objeto en su interior o el modo en que esconde la planta para protegerla. Pixar entiende que el cine es, ante todo, imagen y emoción. Cuando EVE se activa al encontrar la planta (y es recogida por la nave nodriza Axiom ), WALL-E se aferra a ella y viaja al espacio. Allí descubre el último reducto de la humanidad. wall-e completa en espanol

Su mensaje, tristemente, sigue siendo urgente. La acumulación de basura, el cambio climático, la desconexión social y la pereza inducida por las pantallas son temas más actuales que en 2008. Pero la película no es un sermón. Es una historia de amor. Y esa es su mayor fuerza: nos recuerda que el primer paso para salvar el mundo es mirar a los ojos de quien tenemos al lado, extender la mano y decir, sin palabras, "No quiero sobrevivir. Quiero vivir contigo" .

Al final, cuando los créditos suben y vemos las primeras plantas crecer sobre la ruinas, y los humanos, ya de pie, empiezan a reconstruir, no podemos evitar sonreír. WALL-E nos dejó una lección simple y hermosa: la basura se puede limpiar. La Tierra se puede restaurar. Pero sin un gesto de ternura, sin una mano que tome otra mano, todo eso no sirve de nada. WALL-E está disponible en Disney+. Si no la has visto (o si la viste hace años), vale la pena volver a ella. Y esta vez, presta atención a los sonidos. Ahí está toda la magia. Está solo

Nuestro protagonista es ese último superviviente. Ha desarrollado una personalidad curiosa, casi humana. Pasa sus días compactando basura en cubos, coleccionando objetos perdidos (un cubo, un encendedor, un casete de Hello, Dolly! ) y viendo una y otra vez la misma escena de la película donde dos humanos se toman de la mano.

Como dijo Andrew Stanton: "La película trata de lo irracional y maravilloso que es el amor. Y de que vale la pena luchar por él, incluso si eres el último robot sobre la Tierra". Él busca… no estar solo

Los humanos, ahora en el año 2800, son seres grotescos: obesos, flotantes en sillas automáticas, con la piel decolorada y los huesos frágiles por décadas de gravedad cero y nulo ejercicio. Toda su vida transcurre frente a una pantalla. No caminan. No miran al frente. Un anuncio publicitario les dice qué ponerse, qué comer (todo en formato líquido) y cómo sentirse.

La misión: limpiar el desastre. El resultado: un fracaso. Uno a uno, los WALL-E se fueron descomponiendo. Todos, excepto uno.

Dirigida por Andrew Stanton (responsable de Buscando a Nemo ), esta película de Pixar no es solo una historia de amor entre dos robots. Es una fábula ecológica, una crítica al consumismo, un espejo de nuestra propia humanidad y, probablemente, una de las películas más arriesgadas que jamás haya producido un gran estudio. Corre el año 2800. La Tierra está cubierta por un océano interminable de basura. La humanidad, incapaz de revertir el desastre, evacuó el planeta hace siglos a enormes naves interestelares. Sin embargo, antes de irse, dejaron un ejército de pequeños robots compactadores llamados WALL-E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class).

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En Espanol - Wall-e Completa

Está solo. Hasta que un día llega una nave blanca y elegante de la que desciende EVE (Extraterrestrial Vegetation Evaluator), una robot sonda ultraterrestre, veloz, brillante y con un cañón láser muy destructivo. Ella busca un signo de vida vegetal. Él busca… no estar solo. Y le enseña su mayor tesoro: una pequeña planta verde que brota entre la tierra y la basura. Lo que hace a WALL-E inolvidable son sus primeros 40 minutos. No hay diálogos. Solo pitidos electrónicos, ruidos mecánicos y la magnífica partitura de Thomas Newman. Es una apuesta total: contar una historia de amor y soledad interestelar sin palabras.

Claro, aquí tienes un artículo completo en español sobre WALL-E . Hubo un tiempo, no hace tanto, en que las películas animadas se consideraban "cosa de niños". Luego llegó WALL-E (2008) y, con solo un par de pitidos y un gesto oxidado, demostró que el cine de animación podía ser tan profundo, desgarrador y poético como el mejor de los dramas.

El robot, con su diseño oxidado y sus grandes ojos prismáticos, expresa más ternura que cualquier personaje humano de carne y hueso. Vemos su rutina, su curiosidad, su gesto de guardar un objeto en su interior o el modo en que esconde la planta para protegerla. Pixar entiende que el cine es, ante todo, imagen y emoción. Cuando EVE se activa al encontrar la planta (y es recogida por la nave nodriza Axiom ), WALL-E se aferra a ella y viaja al espacio. Allí descubre el último reducto de la humanidad.

Su mensaje, tristemente, sigue siendo urgente. La acumulación de basura, el cambio climático, la desconexión social y la pereza inducida por las pantallas son temas más actuales que en 2008. Pero la película no es un sermón. Es una historia de amor. Y esa es su mayor fuerza: nos recuerda que el primer paso para salvar el mundo es mirar a los ojos de quien tenemos al lado, extender la mano y decir, sin palabras, "No quiero sobrevivir. Quiero vivir contigo" .

Al final, cuando los créditos suben y vemos las primeras plantas crecer sobre la ruinas, y los humanos, ya de pie, empiezan a reconstruir, no podemos evitar sonreír. WALL-E nos dejó una lección simple y hermosa: la basura se puede limpiar. La Tierra se puede restaurar. Pero sin un gesto de ternura, sin una mano que tome otra mano, todo eso no sirve de nada. WALL-E está disponible en Disney+. Si no la has visto (o si la viste hace años), vale la pena volver a ella. Y esta vez, presta atención a los sonidos. Ahí está toda la magia.

Nuestro protagonista es ese último superviviente. Ha desarrollado una personalidad curiosa, casi humana. Pasa sus días compactando basura en cubos, coleccionando objetos perdidos (un cubo, un encendedor, un casete de Hello, Dolly! ) y viendo una y otra vez la misma escena de la película donde dos humanos se toman de la mano.

Como dijo Andrew Stanton: "La película trata de lo irracional y maravilloso que es el amor. Y de que vale la pena luchar por él, incluso si eres el último robot sobre la Tierra".

Los humanos, ahora en el año 2800, son seres grotescos: obesos, flotantes en sillas automáticas, con la piel decolorada y los huesos frágiles por décadas de gravedad cero y nulo ejercicio. Toda su vida transcurre frente a una pantalla. No caminan. No miran al frente. Un anuncio publicitario les dice qué ponerse, qué comer (todo en formato líquido) y cómo sentirse.

La misión: limpiar el desastre. El resultado: un fracaso. Uno a uno, los WALL-E se fueron descomponiendo. Todos, excepto uno.

Dirigida por Andrew Stanton (responsable de Buscando a Nemo ), esta película de Pixar no es solo una historia de amor entre dos robots. Es una fábula ecológica, una crítica al consumismo, un espejo de nuestra propia humanidad y, probablemente, una de las películas más arriesgadas que jamás haya producido un gran estudio. Corre el año 2800. La Tierra está cubierta por un océano interminable de basura. La humanidad, incapaz de revertir el desastre, evacuó el planeta hace siglos a enormes naves interestelares. Sin embargo, antes de irse, dejaron un ejército de pequeños robots compactadores llamados WALL-E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class).